La nueva ley en Canadá contra las terapias de conversión
Canadá acaba de aprobar una ley (Bill-C-4)que prohíbe las denominadas terapias de conversión y penaliza obtener un lucro mediante ellas.
¿Cómo define esta ley la terapia de conversión? Según el Gobierno de Canadá, una terapia de conversión es:
Cualquier práctica, servicio o tratamiento diseñado para cambiar la orientación sexual de una persona a heterosexual, la identidad de género a cisgénero o la expresión de género para que coincida con el sexo asignado al nacer, o diseñado para reprimir o reducir la atracción no heterosexual, o comportamiento sexual, o expresión de género que no coincide con el sexo asignado al nacer, o para reprimir la identidad de género no cisgénero.
La legislación añade que la terapia de conversión no incluye aquellas actividades tendientes a que la persona explore su personalidad, siempre y cuando no se indique que una orientación, identidad o expresión de género es preferible a las demás:
Para mayor certeza, esta definición no incluye una práctica, tratamiento o servicio que se relacione con la exploración o el desarrollo de una identidad personal integrada, como una práctica, tratamiento o servicio que se relacione con la transición de género de una persona, y que no se base en una suposición de que una determinada orientación sexual, identidad de género o expresión de género debe preferirse a otra.
¿Qué significa esto para los padres cristianos y las iglesias?
En primer lugar, respecto de los padres, quiere decir que no podrán asistirse de ninguna especie de actividad que el Estado considere “práctica, servicio o tratamiento” para enseñarle a sus hijos que la heterosexualidad fue el diseño original de Dios para la humanidad.
Que Dios creó la atracción heterosexual se colige de la lectura fundamental de de Génesis 2:18–24 en donde Dios crea a la mujer, y al traerla al hombre este se complace diciendo: “Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne” (v.23). Aunado a esto, en la Biblia la unión entre personas del mismo sexo es considerada un pecado (Lv.18:22; Ro.1:26–27; 1 Co.6:9; Jud.7).
La legislación canadiense no prohíbe que los padres enseñen la Biblia a sus hijos, pero en un momento dado sí estará criminalizando cualquier intento de los padres de buscar algún apoyo -que el Estado entienda dentro de las categorías de la ley- para que sus hijos comprendan la identidad con la que Dios los creó. No importando si inclusive viajan al extranjero para conseguirlo.
En segundo lugar, los ministros del evangelio podrían ser procesados si su consejería o series de predicación llegasen a ser considerados por el Estado como una “práctica, servicio o tratamiento” cuyo objetivo sea guiar a las personas a su identificación con la heterosexualidad.
La ley considera como promoción o anuncio de terapias de conversión lo siguiente:
Cualquier material, incluyendo una fotografía, película, video, audio u otra grabación, realizada por cualquier medio, una representación visual o cualquier material escrito, que se utiliza para promover o publicitar la terapia de conversión.
De modo que quizá un anuncio o vídeo de estudios bíblicos sobre masculinidad y feminidad bíblica podría entenderse como algo diseñado para cambiar o reprimir la orientación sexual de una persona, sobre todo si además existe alguna cuota de recuperación o costo a pagar por el acceso al material o curso. Cada caso deberá verse en su contexto.
Como ocurre con toda nueva ley, hay que esperar para ver cómo se desarrolla su aplicación en la sociedad canadiense. Lo cierto es que la homosexualidad no es una “enfermedad” que se “cure” con medicinas u otros métodos que infortunadamente han incluido actos de tortura (como electrochoques y aislamiento). En este sentido, la prohibición de estos terribles actos contra la humanidad de una persona no deberían existir ni en Canadá ni en ningún otro país.
Por lo demás, no sería la primera vez que la iglesia predica su mensaje contra lo que indica el Estado. La iglesia nació en medio de la persecución por lo que está en el ADN cristiano la fuerza y capacidad para poder realizar su misión adecuadamente, pase lo que pase. No hay que dejar de observar, por otro lado, que la doctrina cristiana sobre la sexualidad humana es tan solo una parte del todo, y no constituye un elemento esencial del evangelio. Esto significa que en su definición (1 Co. 15:1–8) las Buenas Nuevas de salvación no incluyen artículo alguno sobre el diseño de Dios para hombres y mujeres. Así, hasta hoy, predicar el evangelio no está prohibido en Canadá. Por muchos desafíos que imponga la nueva legislación a la iglesia, lo más importante, lo que transforma los corazones, sigue sin estar bajo sanción estatal.
Dios seguirá salvando canadienses mediante esta predicación y el Espíritu Santo obrará conforme a su promesa sin poder humano que pueda obstaculizar su labor.
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